El verdadero enemigo
Las personas capaces, justas y honestas enfrentan a lo largo de su vida muchas batallas contra muchos enemigos: los deshonestos, los tramposos, los manipuladores, que buscan su beneficio escondidos en la mentira. Los encasillamos en el grupo de "los malos", atribuyendo su comportamiento a algo indefinible y difuso: la maldad. Sin embargo hay algo arcaico, religioso y absoluto en el concepto de maldad que tiene un tufo insoportable a medioevo. ¿Habrá algo más detrás del comportamiento de "los malos"?. La primera cosa que se viene a la cabeza es la Locura; Hitler con su odio irracional por el pueblo judío es un buen ejemplo. Pero no podemos explicar el comportamiento de los Nule o el ex-alcalde Samuel Moreno con la locura.
Hannah Arendt descubrió que detrás de Adolf Eichmann, el monstruo que coordinó la ejecución de millones de judíos en los campos de concentración, había solamente un hombrecillo insignificante; un pelele sin conciencia que ejecutaba las órdenes genocidas de sus superiores. ¿Será que hay un tipo de maldad que es el resultado de la insignificancia y la estupidez?
El idiota, especialmente desde que la izquierda nos impuso a los occidentales el principio de que todos somos iguales, cree que también él tiene derecho al éxito, a la riqueza y al poder. Su tragedia es que su falta de capacidades no le permite competir limpia y honestamente contra los demás. Los mejores le ganan siempre en cualquier competencia basada en las cualidades y los méritos. Como se lo quitan todo, injustamente según él, los envidia y los odia y termina convirtiéndose en su enemigo. ¿Qué le queda para triunfar en la vida? Las intrigas, las trampas y las mentiras. El imbécil que aspira al éxito tiene que masacrar sus valores para conseguirlo.
El jardín ideal para que los mediocres florezcan es la burocracia. Sobreviven culpando a los demás de sus fracasos, urdiendo intrigas y generando conflictos entre sus compañeros de trabajo para conseguir aliados en su lucha contra los mejores. Sobra decir que sólo consiguen el apoyo de otros imbéciles. Si finalmente consiguen llegar al poder perseguirán la inteligencia, la verdad y sobretodo la crítica, que podrían poner en evidencia su condición de ineptos e intrigantes. La herramienta que utilizan para sostenerse en el poder es el terror, basado en el miedo de sus subalternos a perder sus puestos. Despedir de vez en cuando a alguno que le lleve la contraria o lo critique garantiza el sometimiento de todos los que se quedan. Bajo su tutela se premian la adulación y la sumisión, y se desprecian y silencian todos los destellos de inteligencia y creatividad, porque sólo tiene importancia lo que produzca su mediocre condición. Al acabar con toda posibilidad de crítica y de cambio pueden permanecer mucho tiempo en el poder.
El caso de Venezuela, por ejemplo. No es la maldad sino la estupidez de Nicolás Maduro lo que la tiene al borde del colapso total. Si todavía está en el poder es a punta de intrigas, amenazas, encarcelamientos y compra de conciencias. El caso de Stalin, el Zar de los idiotas, fue peor todavía. Ninguno de sus camaradas revolucionarios sentía mayor respeto por él. Lenin, en el ocaso de su vida, trató de alertar a sus compañeros revolucionarios del peligro que suponía Stalin en el poder. Trotsky, un hombre brillante y la figura más importante de la revolución después del propio Lenin, se hallaba lejos y convaleciente de una gripa cuando se produjo la muerte del líder, y fue informado de ello semanas más tarde. En ese escenario de desorden e incertidumbre Stalin urdió su ascenso a punta de intrigas, favores y mentiras. Finalmente desterraría a Trotsky y lo mandaría asesinar al otro lado del mundo. Casi todos sus camaradas revolucionarios terminarían siendo fusilados en la vorágine de miedo y terror que lo mantuvo en el poder durante casi 30 años. Asombran algunos videos oficiales de sus presentaciones en público. Se le ve confuso, aturdido, incapaz de hacerse cargo de su condición de lider de la URSS. Hay quienes estiman que entre los fusilados, los desterrados a morir trabajando en sus absurdos proyectos y los muertos de física hambre por las pésimas políticas de su gobierno, suman más de 20 millones de muertos.
Un imbécil es infinitamente peligroso cuando llega al poder, debido a su incapacidad de prever las consecuencias de sus decisiones. No cometan nunca el error de subestimarlos; ellos son la causa de muchos de los males de la humanidad.
Imagen tomada de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Horror-Devil-Pictures-Wallpaper.jpg Créditos: Klaus toxic